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Diario de una ninfómana

Publicado en

15 de Sep de 2008, a las 10:35

Me encanta la intensidad de nuestros encuentros. Me da una felicidad que él ni siquiera sospecha. Me motiva y me inspira.
La primera vez que nos encontramos, me pregunté si su piel estaba salada o no. Luego, descubrí que olía a palito de vainilla, de los que se utilizan para dar sabor a los alimentos.
Cuando hacemos el amor esta mañana, él me habla en español, no en quechua. Ese detalle revela una cierta timidez bien escondida, quiere tomar distancia para consigo mismo, pronunciando palabras en otra lengua para negar esas ganas locas de poseerme; el ruido de su discurso resbala sobre las pareces de la habitación y sus palabras asaltan mi cuerpo, que se contrae cada vez que una de ellas penetra en mis oídos y cosquillea mi trompa de Eustaquio. Y me va debilitando poco a poco. Nunca le puedo decir que no. Después del amor, acabo siempre pigmentada de frases, mi boca llena de restos imaginarios de hojas de coca masticadas entre los dos y mi pelo brilla como nunca. El suyo también. Durante el amor, lo lleva siempre suelto y eso como una gamuza suave de proteínas orgánicas que va lustrando mi cuerpo.

 

Tan ella… 14 de Ene de 2011, a las 00:12

Al estar o en la mesa, la conversación derivó, inevitablemente, hacia el sexo. En el aburrimiento o en la reflexión es cuando verdaderamente podemos llegar a ver lo que un idiota puede dar de sí. Las tres defendían apasionadamente la tesis de que el bien moral está en la “naturaleza”. “Las leonas cuidan a sus cachorritos amorosamente…”, sostuvo la de mi izquierda para ilustrar su tesis. Mientras, las otras dos reflexionaban profundamente sobre lo que ella acababa de decir y el otro seguía bebiendo.
Llegó el punto central de su argumentación; la homosexualidad no se daba en la naturaleza, por tanto, la homosexualidad no estaba “bien”. Posiblemente fue el vino, o mi hartazgo. Así que, muy solemne, me puse en pie, tiré sin querer el vaso de agua que bebía la partidaria de lo natural y le dije: “Mira, bonita, si una de las cachorritas crece, es más que probable que su padre se la folle en cuanto tenga su primer celo. A los cachorros machos, posiblemente no les dé por culo, pero solo por que antes se los habrá comido a poco que tu amorosa leona madre se descuide un momento…”.

(…)

Como dejó por escrito Nicolas de Chamfort: Cualquiera que haya destruido un prejuicio, un solo prejuicio, es un bienhechor del género humano.

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Acerca de buadabibi

Estudiante de TeI con muchas ganas de empezar proyectos y aprender.

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