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Grito ahogado

Publicado en

25 de Jun de 2009, a las 11:34

De pronto, desperté.
Estaba empapada en gotas frías de sudor, pero contenta de estar despierta ya que aquel sueño había sido horrible. De pronto una sombra cruza la habitación.
Quiero gritar, pero no sale mi voz.
Quiero moverme, pero estoy paralizada.
¿Qué es?
Terror…
Estaba a sólo dos palmos de mí, me miraba con cara de perturbado y sostenía su enorme miembro entre esas sucias manos que tanto daño habían causado.
Mi cuarto, el que siempre me había guarecido de cualquier peligro, era ahora una trampa. Las antiguas muñecas situadas en las estanterías eran macabros espectadores de lo que acontecería.
Me arrancó la camiseta de tirantes, después los pantalones y se lamió los labios al verme en ropa interior, pero eso no le bastaba. Quería tocar, no se había arriesgado tanto solo para ver.
Procedió.
Ya no tenía barreras.
Y todo iba muy deprisa.
Todo era repulsivo, agonizante, doloroso.
Seguía sin poder articular palabra ni salir corriendo.
Súbitamente escuché una voz, se trataba de mi madre que iba al trabajo, pero yo no podía avisarla de la frágil situación en la que me hallaba.
-No intentes nada preciosa, no me gustaría destrozar tu bonita cara-dijo en casi en un susurro inaudible.
Seguí mirándole aterrada mientras la puerta de mi casa se cerró con un golpe seco.
Ya no tenía modo de salir de ahí, de escapar.
El tiempo transcurría y solo me sentía como una muñeca de trapo usada, la vulva me abrasaba y mis pechos estaban llenos de babas con olor a whisky barato.
Sólo cabía esperar, ya que mi cuerpo no reaccionaba, a que acabara.
Siempre había deseado mantener relaciones sexuales, pero no de esa manera. Bueno, ahora daba todo igual, aunque no lograra comprender como aquel hombre o restos de persona consiguió entrar en casa sin llamar la atención de nadie.
En esos momentos solo deseaba que aquello fuese una pesadilla como la vivida anteriormente, que en realidad despertara a la mañana siguiente e iría al instituto como cada día, que hablaría de mis anécdotas del fin de semana con las amigas y que me reiría de una de tantas estupideces que había hecho en la adolescencia.
¡¡VAMOS!! ¡¡DESPIERTA!!
Tic-tac
Son las 8.
Cierro fuerte los ojos y los abro de nuevo.
Ya no estoy en mi cuarto con ese hombre sino en mi primer sueño, en aquel lugar oscuro de pareces acolchadas y en el que reinaba el silencio. Creo que esa sí es mi vida. ¿Estoy loca?

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Acerca de buadabibi

Estudiante de TeI con muchas ganas de empezar proyectos y aprender.

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