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El mercado y la globalización

Publicado en

8 de Ene a la 01:44

Orientar el progreso técnico hacia el interés social

Por su parte, las tesis debatidas en Porto Alegre apuntaron que “cuanto más crece esta globalización, más ganan los ricos y peor están los pobres”, de manera que “bastaría orientar el progreso técnico hacia el interés social” para organizar otra globalización y otro mundo mejor, que resulta posible, recoge el libro.

Lo que el autor condena es que la globalización sea meramente económica, “habría que globalizar también la justicia”. En este sentido, consideró que si hubiera un organismo mundial capaz de globalizar la sanidad, los países empobrecidos no morirían de Sida; y si existiera otro que globalizara la educación, no habría tasas tan elevadas de analfabetismo. Sobre estas premisas, Sampedro argumentó que “la técnica obliga a mundializar, no la economía, sino los recursos del planeta”.

El autor señaló que en los últimos años la humanidad se dirigía hacia la globalización de las opiniones, una tendencia que se vio trastocada por el 11 de septiembre “cuando Bush decidió tomar las riendas del mundo, con el beneplácito de los gobiernos occidentales, de manera que hemos retrocedido en la mundialización de los recursos para avanzar en la globalización económica”.

Sampedro destacó que la globalización, entendida como explotación, ha existido en todas las épocas, pero la novedad de la que impera en la actualidad es que introduce técnicas nuevas, Internet y los medios de comunicación, y además es posible gracias a las leyes y las instituciones. Así, “se ha impuesto la idea del pensamiento neoliberal y de la liberalización, de modo que los gobiernos han suprimido los controles a los movimientos financieros y las grandes empresas han conseguido gobernar por encima de los gobiernos, en una muestra de dejación en el que el poder político ha cedido al económico”.

En este contexto, “los ciudadanos no pueden hacer nada, porque están al margen de la toma de decisiones de las empresas”. Frente a ello, abogó porque “se mundialice la dirección y la gerencia de los recursos mundiales”. No obstante, el autor aclaró que su postura no es contraria al mercado, que a su juicio constituye “un mecanismo imprescindible de intermediación para cambiar los bienes”.

“No se trata de ser enemigo del mercado; lo que es rechazable no es una economía de mercado, sino una sociedad de mercado, que sólo admite los precios y no reconoce los valores”. “Mercantilizar la sociedad es rechazable, porque en la vida hay algo superior a lo económico: los valores”, añadió. El autor reconoció que en el mundo oriental, así como en sociedades primitivas y tradicionales, hay valores que el mercado no reconoce y que tienen mucho que enseñarnos.

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Acerca de buadabibi

Estudiante de TeI con muchas ganas de empezar proyectos y aprender.

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